jueves, 7 de julio de 2011

Palacios en el fango

Como cada mañana, peregrino hacia el bar de la esquina y me tomo un café leyendo el periódico local. Lo normal es que su contenido sea anodino por estar sometido a los designios del poder político, que controla los recursos públicos y privados de los que depende su supervivencia. Sin embargo, en ocasiones la contundencia de los sucesos impone un tratamiento más riguroso y veraz, que no logra ocultar ni el maquillaje del enfoque o el tratamiento complaciente que le dispensa el periodista de turno, si es que en ellos se ve comprometida la estabilidad de quienes gobiernan esta región. Hoy es uno de esos días, y a poco que se analice el contenido de algunas de las noticias cualquiera puede concluir que estamos en manos de una banda de peligrosos desalmados, cínicos embaucadores y medrosos ciudadanos.

Arranca el ejemplar con la alarma de 40 alcaldes agobiados por la cuantiosa deuda que mantienen con sus proveedores para, a continuación, añadir la apocalíptica advertencia de que si no se arregla el asunto "habrá que echar el cierre".

(http://www.laverdad.es/murcia/v/20110707/region/alcaldes-reclaman-medidas-urgentes-20110707.html)

Es cierto que algunos han llegado al cargo hace algo más de un mes, pero la mayoría llevan en la poltrona el tiempo suficiente como para que sus cuitas tengan poco sentido. Las cifras son abrumadoras, pero lo es aún más el fariseísmo con el que afrontan la difícil solución. ¿Nacieron ayer? ¿Quienes gobernaban no son conscientes de la deuda que han generado? ¿Los nuevos vienen de otro planeta? ¿Habrá verbena popular este año?

Paso página y me encuentro con que reina el desasosiego entre la parroquia de orgullosos vencedores, porque aún no se ha decidido el reparto del botín institucional y peligra el bienestar de algunos aspirantes a ocupar cargos de responsabilidad en las diferentes consejerías.

(http://www.laverdad.es/murcia/v/20110707/region/-20110707.html)

Se debaten los que ya han pillado tajada entre cumplir la orden de adelgazar la administración impuesta por sus superiores, y la necesidad de cumplir con los compromisos adquiridos con quienes les han entregado su lealtad y entusiasmo. Problema de difícil resolución que exige ingenio y astucia, aunque a buen seguro no causará demasiadas víctimas dado que cuentan con la ignorancia de una ciudadanía más pendiente de llegar a fin de mes, a la que le importa un pepino a cuántos de ellos tendrá que mantener entre otras cosas porque ni siquiera sabe que existen ni a qué se dedican. Es sólo cuestión de tiempo y encaje.

Y mientras los atribulados gobernantes esperan la ocasión para organizarse o un milagro que les permita evitar que les corten la luz en los ayuntamientos, otros continúan edificando palacios en el fango sin que se les descomponga el semblante, como así atestigua otra noticia que aparece en la página inmediata.

(http://www.laverdad.es/murcia/v/20110707/region/gobierno-regional-espera-para-20110707.html)

Como si los delirios de grandeza del pasado no hubiesen dejado un rastro de miseria tan diáfano como las estadísticas del INEM, insiste este Gobierno en alimentar a la bestia del dispendio con inversiones tan fastuosas como dudosas: un parque temático y un aeropuerto que nacen de la nada y auguran más destrucción. Con 300 millones de nada se pueden empezar las obras del último de los monumentos a la estulticia, un faraónico espacio de ocio auspiciado por Paramount que se pretende erigir en unos terrenos que formaron parte de uno de los precursores de esta política disparatada, la arruinada Polaris World.

Sobre el papel, el proyecto necesita una inversión de 1.000 millones de euros. Poca cosa para la que está cayendo. Para eso están los jeques árabes, los inversores chinos, magnates rusos y el presidente del Real Murcia. Lo mejorcito de cada casa, no cabe duda. Los americanos ponen el nombre, cobran y ahí acaba todo. Luego ya se verá qué se hace con el mamotreto y cómo se le mantiene. Pero eso ya será otro cantar y, probablemente, entonces habrá otros que deban lidiar con el estropicio. Como en los ayuntamientos, más o menos.

Abochorna contemplar la complacencia y el cinismo de quienes han de velar por los intereses de los ciudadanos, prestarse a esta pantomima con la complicidad de los medios de comunicación y de una masa social acuciada por la necesidad de trabajo. Sería demagogo establecer una comparación entre las patentes dificultades de la Administración pública para hacer frente a sus gastos corrientes y al pago de los servicios primarios, y la ligereza con que defienden proyectos tan costosos como inciertos e innecesarios. Ningún gobierno debe poner más trabas de las establecidas por las leyes a las inversiones privadas, si bien un rasgo de eficiencia es vigilar que éstas sean realmente adecuadas para el interés general, no escondan intenciones inconfesables y estén auspiciadas por capitales transparentes y sólidos.

Sin embargo, las autoridades regionales no sólo han buscado, negociado y promocionado este parque temático, sino que además han bendecido la entrada de inversores que siembran más inquietud que ilusiones o seguridad. Un gobierno no debe jamás someter a su pueblo a riesgos innecesarios, y este tipo de capitales dibujan demasiados abismos. Demuestran así una puerilidad y una imprudencia que raya lo delictivo, amén de un desprecio por el interés general al abogar por un modelo de desarrollo que ellos mismos a comprobado fallido, y que aún está causando graves perjuicios al crecimiento económico y a la estabilidad social.

¿Qué deudas tiene el PP y con quién para empeñarse en embarcar a las instituciones que gobierna en un viaje tan peligroso, a sabiendas de que los medios que empleará se han demostrado ineficaces? Alguien debería responder a esto antes de que nos vuelvan a embaucar con la coartada del bien general.

No hay comentarios:

Publicar un comentario