El pequeño Mario introdujo sus deditos en el enchufe...
Y aniquiló al besugo que horneaba su madre para la cena.
Y fundió las luces del portal de Belén que su padre había construido con primor y devoción.
Y arruinó el peinado que su hermana quería lucir esa noche.
E impidió que su hermano se convirtiera en héroe de los videojuegos.
Afortunadamente, Mario no vivió para recibir una reprimenda.
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