miércoles, 27 de octubre de 2010

Efectos del destrozo climático en Caniculandia X. Pedagogía

El mismo día que las altas esferas académicas concedieron a la Universidad de Caniculandia la posibilidad de obtener un crédito de 5,3 millones de euros para impulsar proyectos de investigación, contemplo con estupor el peregrinar de cientos de estudiantes universitarios cargados de botellas de plástico llenas de alcohol de beber hacia el recinto que la propia universidad ha elegido para darles la bienvenida, bajo el lema 'Hábitos saludables'. Curiosa paradoja, me dije, pues mientras unos venden la excelencia de la institución otros se resignen a la imparable idiocia juvenil de haber convertido la borrachera en un fin, y no en ese medio que muchos emplean para superar miedos, inseguridades y timideces, o en esa inevitable consecuencia de una animada reunión de amigos. Y pensé en los decorados de esas películas que antaño se utilizaban para ambientar otras épocas o lugares y que sólo servían para engañar al espectador, pues tras esas vistosas fachadas sólo había andamios y tramoya en vez de esos lugares habitables que se dibujan en la imaginación.
Una universidad de cartón piedra que celebra con regocijo un premio de consolación, incomprensiblemente más cuantioso que algunos de los otorgados a instituciones distinguidas con una mención más relevante, y que me lleva a conjeturar si ese escrutinio a la excelencia académica no es más que otra pantomima o una tómbola donde siempre toca, si no un pito, una pelota. Por mucho que me lo expliquen, no logro comprender esa componenda por la que el premio de consolación se acoge con alborozo eludiendo la autocrítica. Porque si se aspira a la medalla de oro y se logra la de bronce algo no ha debido de funcionar, y el valor de la medalla no es motivo para evitar hacer un examen de conciencia y a conciencia para detectar y resolver los problemas de la institución, y admitir que la excelencia se alcanza con buena gestión, tenacidad, ideas y constancia, en vez de brindar por algo que apesta a farsa política
El corolario de ese vodevil académico bien puede ser ese rebaño de almas en pena en pos de una folloneta triste y deslavazada y que luego habrán de llenar las aulas de las facultades; y aunque no oculto mi satisfacción por que algunos de los auténticos universitarios se puedan beneficiar de ese dinero, espero que aprovechen la oportunidad para obtener los beneficios necesarios que permitan devolver el préstamo cuando toque. Porque si lo que se le ha concedido a la Universidad de Caniculandia es un crédito, deduzco que lo tendrá que devolver algún día. Y por eso deseo que quienes deban gestionar el dinero lo hagan con sensatez, no sea que luego sólo tengan para devolver los envases vacíos del botellón.

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