lunes, 6 de junio de 2011

No podré dormir

Las palabras han decidido esta mañana prolongar el descanso dominical. Las ideas, mientras, contemplan la holganza sin atreverse a rechistar. He tomado el café de cada mañana sentado en la terraza del bar de siempre, he observado a los clientes que había a mi alrededor comiendo sus tostadas, y he escuchado sus conversaciones banales, he podido consumir el periódico local que estaba libre aunque no he hallado nada que me llamara la atención, he leído por internet el resto de la prensa y todo sigue igual de anodino que ayer. Vuelvo a casa, abro el balcón, observo a la gente pasear por la calle, entrar y salir del ambulatorio, pero hoy no percibo almas sino cáscaras humanas que deambulan sin sentido, no me llegan sus conversaciones fortuitas y en la terraza del bar de abajo, adonde nunca voy, apenas se ha sentado alguien. Aniquilo mi bienintencionado propósito de reducir el consumo de tabaco, por ver si la nicotina las estimula y alguna disiente de la pereza y me permite escribir durante más de un minuto seguido sin tener que suplicar lucidez. Ni siquiera el plátano de media mañana con todo su potasio y demás nutrientes del intelecto ha sido capaz de seducirlas. Allí siguen echadas consumiendo mi paciencia. Se acerca la hora de comer y pienso en la siesta que luego dormiré. Quizás entonces, cuando el sueño empiece a dar sentido al vacío que me llena, sea cuando alguna de estas esquivas y caprichosas palabras decida salir a dar un paseo. Y entonces no podré dormir.

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