No deja de maravillarme la capacidad de la industria del entretenimiento por sintonizar con las realidades del consumidor, presentándole ofertas subliminales que se adaptan como un guante a los terrores que sufre. Si en plena hecatombe del fabuloso edificio financiero mundial, con los gobiernos rascándose los bolsillos para salvar de la ruina a los banqueros, las pantallas, páginas y demás soportes mediáticos se llenaron de vampiros, hoy que los tiburones han recuperado la salud a costa del desmantelamiento del estado del bienestar, las pantallas, páginas y mediatecas se han entregado a los zombis. No quiero ni pensar cuando los hombres lobo pueblen el espacio, pues será señal de la pérdida absoluta de la personalidad, del primitivismo incontrolado, del caos.
Tampoco deja de fascinarme el poder hipnótico de la curia romana sobre los incautos y condescendientes librepensadores. El presidente de la corporación católica dice sin rubor que el uso del condón estaría permitido en las relaciones sexuales con prostitutas, y los progres del mundo unidos exhalan un suspiro de alivio en vez de acojonarse ante semejante insulto a la mujer. El papa admite que el rebaño masculino necesita desfogarse con carnes mercenarias por lo que mejor tomar precauciones no sea que algún mal coarte la virtud a la que están obligados en su vida cotidiana. El macho ha de conservarse puro y sano ante los embates de la hembra procaz. Ya lo predicaron los padres de la Iglesia en tiempos remotos y no va a ser menos hoy. Esas palabras me recuerdan a las de aquellos represores sanguinarios que, impelidos por una repentina compasión, decidían exterminar a sus víctimas con métodos menos dolorosos y más rápidos. La capacidad de humillación de la mujer por parte de la casta clerical es inabarcable.
Qué triste es la indolencia del pueblo ante semejantes productos de consumo.
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